El ser humano siempre se ha caracterizado por su curiosidad, su afán de descubrir y conocer. Empezó en sus orígenes más remotos acumulando experiencias del día a día, pintándolas en las paredes de grutas y cavernas, venerándolas, plasmándolas en tablillas de barro, en resistentes pergaminos, en modernos códices, cantares, fábulas... Conservándolas en bibliotecas al servicio de aquellos que quisieran contribuir al crecimiento y florecimiento del saber o logos que empezaba a ocupar un espacio considerable no sólo por el volumen de los ejemplares sino también por el nada despreciable hecho de ramificarse y enraizarse en los más recónditos rincones de la mente obsesionando al raciocinio con encontrar respuestas a todo. Incluso a Dios, a la Religión, a los Dogmas que servían de base de la estructura social y sin los cuáles el Caos más absoluto estaba asegurado. Pronto el saber quedó relegado a un segundo puesto por la fuerza de la guerra y la lucha por las posesiones terrenales sin las que el hombre no parece saber vivir. El conocimiento quedó enclaustrado en monasterios y universidades a salvo de asedios, hurtos, incendios... Y allí permaneció quiescente hasta que comenzó a reinar de nuevo la calma en los extramuros. Entonces cobró un nuevo valor. Renació. Vivió una etapa de esplendor con el ideal "mens sana in corpore sano". Floreció. Dio frutos. Maduró. Se revalorizó, se convirtió en poder, en arma, en instrumento de estorsión, en mercancía peligrosa, explosivo de aduana, vehículo de ideas políticas. De repente, adquirió tal difusión que se comenzó a temer que cayera en manos de cualquiera, de que provocara la ilusión de la Igualdad entre las clases sociales, de que se usara en beneficio de ideales revolucionarios. La diáspora del conocimiento era inevitable por ser éste de naturaleza expansiva y explosiva como el nacimiento de un astro. Fue fenómeno de masas. Pan a compartir en tertulias. Enseñanza obligatoria. Derecho fundamental. Pilar del Moderno Estado del Bienestar.
Hoy en día, a pesar de los sistemas educativos que intentan conducir de manera irracional al unidireccionalismo, el saber como instrumento y motivo de competitividad, persiguiendo una especialización que va más encaminada al fin social que al beneficio y satisfacción personal; a pesar de todo esto, el saber está ahí. Sigue diseminándose, aunque haya que pagar para acceder a él.
Así, en nuestros días, las facultades siguen promoviendo la expansión del conocimiento en todas sus disciplinas, áreas, compartimentos, ciencias, como quiera que se llame a las partes y subpartes, conjuntos y subconjuntos que lo forman.
Es el caso de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense que gracias al empeño de profesores y alumnos concienciados de la importancia de la actualización y renovación de antiguos conceptos aplicativos debido a los continuos avances de la tecnología y de los propios conceptos como ideas en constante evolución, organizan encuentros de transmisión, puesta en común, aprendizaje y profundización en aspectos del saber propio de una determinada profesión. Gracias a IVSA se ha celebrado el Congreso de Oncología y Citología de Pequeños Animales, de gran atractivo para el alumnado encaminado a la futura cobertura de empleos en el campo veterinario, que ha tenido una gran acogida y ha contado con la presencia de grandes expertos en el tema elegido.
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